lunes, 26 de septiembre de 2011

Vacío

Pues sí, he tenido comienzos de semana mejores. Esta mañana entro en el ascensor, se cierran las puertas, comienza a descender y de repente se escucha un sonido propio de película de ciencia ficción, se apagan las luces y se frena en seco. Como haría cualquier homínido en estos casos, pulso todos los botones habidos y por haber (cada vez con más fuerza, como cuando el mando a distancia se queda sin pilas). Y así hasta que he topado con el único botón que permanecía iluminado, que no es otro que la alarma. Al pulsarlo esperaba encontrarme con ese sonido agudo que te erosiona yunque y martillo, pero no ha sido así; se ha iniciado una llamada telefónica que se acoplaba como en los concursos de la tele cuando conectan en directo. Tras unos cuantos tonos, ha resonado en todo el habitáculo una voz celestial que ha mostrado preocupación por mí y muy gentilmente me ha pedido mis datos y me ha comentado que enseguida me enviaba al técnico que estuviese más próximo. Ciertamente esta chica estaba bien formada en atención al cliente, he pensado que seguro que a lo largo del día se debe encontrar con llamadas de gente, algunas de las cuáles invadidas por el pánico. Y es que no es para menos, porque mientras estaba atrapado revisaba el cartel del número de ocupantes y alucinaba al pensar qué hubiese ocurrido si en ese metro cuadrado nos hubiésemos quedado encerradas las cuatro personas que se supone que caben en el ascensor. Si en apenas media hora he sudado como si estuviese en una sauna, no me quiero imaginar si llego a coincidir con un vecino claustrofóbico…

2 comentarios:

Conde dijo...

Te aseguro que yo lo abro a cabezazos aunque sea...

Á dijo...

Ostras, es verdad Condemor, no recordaba tu ascensorfobia!. Pues lo hubieras pasado malamente, la media hora más larga de tu vida...